A Fer
Pensamos que el roce de los dedos
pasaría al roce de las manos,
y que las manos,
se encargarían de rozar los brazos
hasta llegar al roce de las bocas.
Como negamos rozar las bocas,
los brazos, las manos y los dedos
se alejaron un centímetro, cinco metros,
veinte cuadras, mil kilómetros.
Pensamos que de vernos,
pasaríamos a mirarnos
y de allí,
a oírnos para escucharnos.
Pero vos miraste cuando yo no veía
y yo busqué tu escucha cuando vos no oías.
Aún así, creo que con el tiempo,
podríamos pensar juntos de vuelta.
Que tus ojos buscarían mi reflejo,
que yo vería tu mirada,
que tus oídos llegarían a la escucha.
Pero con el tiempo, aún no es.
Tus dedos se niegan a rozar mis manos,
para que mis manos rocen tus brazos,
para que tu boca roce mi boca,
para que…