Una lágrima pétrea,
se desprende de un ojo,
que mira a lo lejos la soledad ya envejecida.
Al caer,
su fuerte sonido estremece los vendavales,
que sacuden los últimos peldaños de la muerte.
La muerte,
pálida y desgarbada,
observa tambalear sus últimos recursos.
La pétrea lágrima,
promete volverse parte de un mar,
que mecerá un nuevo comienzo.
Ellos comprenden,
que lograron vencer por un instante,
algo del tiempo, algo de las arrugas, algo del fin.
Como quien vive con el arte en la punta de la lengua, porque la muerte de lo cotidiano no le permite expresar lo hondo y lo extenso de otro mundo posible difícil de asir en el acto mecánico de las cosas.
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