¿El cóndor habrá visto tus alas?
Seguramente no ha previsto el aura
que se esconde en tu clara sonrisa.
Seguramente se queda en el músculo,
en la carne.
Y entonces ve poco en ti.
Sólo ve un canario cantor
que se asoma tímidamente a la aurora.
La aurora
que te ilumina con la misma esperanza
con la que salen los pastores a trabajar.
Pero el cóndor le huye y no te ve.
No ve esa alegre tristeza, ni el color.
¡Gracias aurora que me cubres!, pensarás.
Pero pronto las nubes…
y sobrevuela…
¿Acaso han brillado tus ojos demás?
¿O fue un reflejo que ella no supo apagar?
Cuantas ganas de cegar al mundo, ¡cuantas ganas!