¿Por qué
con tanta justeza,
con tanta
firmeza?
Porque te
vuelves concreto,
hormigón
seco,
inefable.
Le quitas
tiempo
espacio
imaginación.
Le das su
papel
Y
renuncias a la posibilidad de ser
Entonces,
otro rostro lejano
es el que
puede amparar un motivo.
Una manera
de persistir,
de
continuar.
Si nada es
mágico
tu
inexistencia
se vuelve
irremediable.
Y así
insisten en permanecer las palabras
que aclaran
tanto
todo.
Lo
convierten en algo tan crudo,
tan
desvestido,
que
persigo un lienzo azul
para al
menos cubrir
fragmentos
musculatura
desgarrada.
Sin
embargo, respira
plácido,
marcando
un pulso
lento,
como
burlándose
de la
tajante
idea
de