Él sabe
que yo profeso,
que no
importa,
si
saliera del cuerpo al compás.
Basta
que destellos,
que
explosiones,
la
cercanía le arranca,
le
súbito,
todo en
segundos luces,
segundos
diamantes.
Él sabe que yo inocencia,
que rosa suave,
que eleve,
pero quizá, pienso,
la voluntad se le escape,
en algo más
violeta.
Más fuertemente
violeta.
Cuanta grieta abre
olvidar mariposas,
uno se vuelve vapor rudo,
mecánica.
En mí no existe ofrecer ficción,
ni gran muerte.
Si no una profunda
conmoción,
nenúfares vivos.
Él sabe que hay soplidos
tímidamente.
Esbozados,
por vergüenza.
pero con plena conciencia
de aire algodón.
Quizás sea un presente
muy frágil,
o muy vano, muy niño.
Sin embargo, sólo allí se
puede recordar
que lo barroso tiene
cuota de imaginación y juego.
Si no el violeta empaña el
rosa.
Y entonces, la voluntad
de amar
se pierde
en la voluntad del triunfo.