Escudo de tiempo muerto
que se perpetúa en el desgano
y en el hierro de su insistencia.
¿Qué hicimos con tu ausencia
y qué fue de tu constante pose frente a un hijo que no viste crecer?
¿Qué harás cuando lleguen a encontrarse todos los nietos de tu alma,
y los bisnietos de tu tumba?
Más ausentes quedarán los pequeños ilustres
frente a la vida que tendrían,
frente a la proyección de sus pensamientos.
Y entre tanto dolor querrán surgir nuevas pieles que ya viejas se agrietan,
porque no se encuentran.
Primer frase de un poema que se hizo extensivo a tu ser,
que hallé en el hueco de tu axila,
en el hueco de tu cara,
en el hueco de tu pecho,
en el hueco…
Esa misma frase que retorna una y mil veces,
que se hace el único resguardo frente a tu ausencia.
¡Detener el tiempo, la última posibilidad de tenerte!
Y detener el tiempo,
la única alternativa de seguir viendo esos cuerpos
que quedaron en el aire por un instante.
Sueltos del viejo lobo, descarnizados,
pero aún así sujetos a su cárcel y a su modo de ver.
Y entre tanto un poema sin rimas ni métrica,
un fragmento de sentidos que se auto-dice porque trata de permanecer,
de alejarse de cualquier otro transcurrir que lo aleje de su otro yo,
de su doble,
del único cuerpo capaz de mantenerse incorrupto.
Y entonces tú historia, la mía y la de otros se hace una,
se hace tiempo y espacio,
se hace única.
Y ya no es posible respirar.
Llanto.
Como quien vive con el arte en la punta de la lengua, porque la muerte de lo cotidiano no le permite expresar lo hondo y lo extenso de otro mundo posible difícil de asir en el acto mecánico de las cosas.
lunes
Si pudiese…
Mi amor perdió su pérdida dos veces ayer,
se le escapó la entereza con un soplido que no quiso ver.
Y aún hoy arma animalitos de miga de pan,
buscando una forma que se asemeje a su ser.
Pero se deshacen en el agua de azahar, en su dulce llanto.
Y lo dice con calma,
porque también ha perdido su alma.
Si pudiese yo suplir un fragmento pequeño de la inmensidad.
Si pudiese quitarle por un segundo parte de su pérdida.
Si pudiese asemejarme, más no sea a una de sus migas de pan
que con tanto ímpetu crea.
Pero tengo estructuras de cristal agrietado
que varían del azulino al grisáceo de un modo casi instantáneo.
Y tengo las manos aún más separadas del cuerpo,
porque no sostienen ya otros brazos.
Mi amor tiene los ojos pardos y una sonrisa que le cuesta día a día,
pero con qué esfuerzo la esboza en su rostro inalcanzable.
Si pudiese yo revelar alguna luz con mi risa,
o encontrar en sus ojos algún brillo que me corresponda.
Si pudiese…
Si pudiese viajaría como un destello hasta su pecho
para escucharlo latir un instante,
para poder colocar cuidadosas caricias.
Si pudiese… sería.
se le escapó la entereza con un soplido que no quiso ver.
Y aún hoy arma animalitos de miga de pan,
buscando una forma que se asemeje a su ser.
Pero se deshacen en el agua de azahar, en su dulce llanto.
Y lo dice con calma,
porque también ha perdido su alma.
Si pudiese yo suplir un fragmento pequeño de la inmensidad.
Si pudiese quitarle por un segundo parte de su pérdida.
Si pudiese asemejarme, más no sea a una de sus migas de pan
que con tanto ímpetu crea.
Pero tengo estructuras de cristal agrietado
que varían del azulino al grisáceo de un modo casi instantáneo.
Y tengo las manos aún más separadas del cuerpo,
porque no sostienen ya otros brazos.
Mi amor tiene los ojos pardos y una sonrisa que le cuesta día a día,
pero con qué esfuerzo la esboza en su rostro inalcanzable.
Si pudiese yo revelar alguna luz con mi risa,
o encontrar en sus ojos algún brillo que me corresponda.
Si pudiese…
Si pudiese viajaría como un destello hasta su pecho
para escucharlo latir un instante,
para poder colocar cuidadosas caricias.
Si pudiese… sería.
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