A Martín
Él ve el cielo y el mar
cómo se entristecen juntos
y se indigna…
Indigna sus vísceras frente a tanta
hipocresía
y se refleja en quien cae como pariendo
ideas y sangre.
Él tiene el don de elegir
la poesía propicia
que se precisa
para anular los ruidos de almas rotas.
Él revive las voces de los callados
y habla por ellos con dulce firmeza.
Así, como Martí seduce a las palabras
hasta que ellas, solas, deciden volverse propias.
Se mece con los sonidos.
Se apropia de los suspiros.
Y suda en nubes de historias lejanas.
Tiene el don del movimiento justo,
claridad en la mirada
y flores en su boca.
Se asemeja a los tigres
cuando los hombres rojos de orgullo
le impiden llegar a destino.
Y recita virilmente
cuando los esquivos
pretenden ensordecer el vientre del
mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario