Entre
cadáveres
y
formas inconclusas
pienso
un modo de seguir
manteniendo
imágenes ilusas.
Entre
vírgenes y dioses.
Entre Venus y Adonis.
Entre
tu boca y mis dioses
nos
separan otro modo de decir.
En
el roce con tu brazo,
en
esa instancia de la piel previa a la piel,
en
la mirada de algo no dicho,
en
el fin de tu rostro.
Tengo
la perspectiva de algún germen
de
la célula del comienzo,
de
al menos el fragmento de un deseo
de
tu, de ti, de te.
Eres
el comienzo, eso dije,
el
germen,
creo,
el
intento de definir
un
qué, un cómo, un por qué.
¿Por
qué seguir entre cadáveres
y
formas inconclusas
que
se borran
en
la perspectiva de alguna célula del deseo?
En
el medio de tu comienzo,
pienso
en como rebotan tus palabras,
cómo
rebotan en mi pecho,
en
el ínfimo segundo del roce de tu brazo,
en
el instante del todo en la nada misma.
En
ese fragmento de ti, o de tu…
que
se me arma el germen del deseo,
esa
necesidad de ir hacia tu rostro,
hacia
tu pupila insomne,
hacia
tu costado de la nuca.
Tengo
como un fragmento de palabra
que
se escapa de mi boca,
me
deja sin aliento
y
ya no puedo vivir mi vida
sin
ese roce de tu codo
o
ese plano detalle de tu ojo.
Aun
sabiendo
que
pronto seré parte de cadáveres
y
formas inconclusas.