Decía
que no tengo motivos o razones
para continuar en el columpio.
En ese vuelo inestable que me convoca,
que me pierde en el rededor de tus pupilas
que se cierran frente a otro contorno.
Pero no logro evitar ese estado de espesor,
esa percepción de la piel que se quema en tu brisa
ausente,
o en el recuerdo del roce inocente de tu boca,
o en el inimputable agitar de tu mano.
Y entonces se me estruja la memoria
a maldecir un presente que no quiere
y un pasado que no fue,
hasta ahogarme en un único
y acompasado paso de baile.
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