Y fui arrastrando mis alas.
Urgiendo mis extremidades.
Hacia la zingueria.
Una tumba inevitable.
¿Y ella?
Mira mientras tanto, atónita.
En un balanceo,
en un glisando que recorre
del morbo a la lástima.
Sentimientos de la misma calaña.
Así no se mira a una mariposa.
Yo, al menos, alguna vez volé.

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