sábado

Amanda

A mi abuela Amanda

Yo no tengo religión, abuela.
Estoy a favor de la legalización del aborto y la eutanasia,
pero por vos, si querés,
me pongo dos palitos de madera en el pecho.

Al final, no tomé la comunión, abuela.
Pero si querés, hacemos de cuenta,
que me caen bien los de la iglesia
y me persigno cada vez que paso por una.

Ya no llego virgen al casamiento,
y ni siquiera tenía pensado casarme.
Pero no te enojes abuela,
acordate que cuando me llevabas a misa,
le daba besos a los que tenía al lado.

Además, aunque no lo creas,
tengo un rosario que me encontré,
colgado en la lámpara de mi escritorio.
Si querés lo convierto en caracol,
y te lo llevo al jardín de tu casa.

¡Ay abuela! si supieras,
cada vez camino más para la izquierda.
Pero, no es mi culpa, ¡vos me hiciste leer a Galeano!
¡Vos me enseñaste a tus ochenta años,
a bailar ruso a mis cuatro!

¡Ay abuela!
Te animaste a decirme que estás cansada,
recién a los cien años.
Y yo con veinticuatro,
tengo la insolencia de quejarme a cada rato.
¡Que poco se de la vida!

Morí tranquila, abuela.
Mi abuela, mi abuela Amanda.
Te prometo,
que voy a seguir siendo igual de irreverente,
pero con un poco más de fe.

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