Ya no tengo voz,
me cansé de tanto gritar
Robaste mi ángel,
desfiguraste mi rostro.
¿Cómo reconstruir una identidad
que comenzaba a vivir?
¿Dónde dejaste la sinceridad?
¿Por qué me ocultás bajo tu ala?
¿Temor, quizás?
Pero las flores igual crecen sin vos
¿No ves que las estrellas
seguirán alumbrando mi protesta?
¿A quién negás?
¿Por quién te ahogás?
Este dolor se vuelve insoportable.
Prefiero irme, dejar tu ángel,
buscar la tierra, desaparecer.
Descansar con tu lejanía.
No sonrías, no renuncio.
Porque voy a volver,
con otro rostro,
otra voz,
otro ángel.
Y las flores seguirán creciendo.
Y las estrellas,
seguirán iluminando mi protesta.
Tendrás que negarme.
Querrás ahogarme.
Pero el dolor se te volverá insoportable.
Ya no robarás mi ángel,
ya no desfigurarás mi rostro.
Mi identidad fortalecida, nunca más
te lo permitirá.
Como quien vive con el arte en la punta de la lengua, porque la muerte de lo cotidiano no le permite expresar lo hondo y lo extenso de otro mundo posible difícil de asir en el acto mecánico de las cosas.
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