martes

Rayuela

¿Cuántos números tiene la rayuela?
¿Cuándo el cielo?
¿Podremos saltear el siete, el ocho y el nueve?
¿O será mejor transitar todos los números,
para llegar sanamente a la meta?

Si así es, tapa con tu calma mi ansiedad,
ayúdame a no pisar las líneas una vez más.
Vuélveme liviana,
y detiene el tiempo todo lo necesario.

Porque, si en el fin de este juego,
existe el principio de un nosotros,
entonces, mis sueños,
valdrán la pena.

lunes

Carta a Emile Bernard o el doble del siglo XXI

Querido Emile:
Quisiera saber ¿de dónde extraés tanta soberbia y porqué me provoca tanta ternura que provenga de tus ojos? Tenés la clásica actitud de quién cree saberlo todo. Sin embargo, algo de tu modo me conmueve. ¿Quizás la juventud de tu rostro, denuncie la contradicción que provoca la vejez de tus palabras? ¿O será tu manera de vestir? Siempre intentás acercarte a principios del siglo veinte, pero vergonzoso, negocias con el deforme veintiuno y te quedás en los cincuenta. Me causas gracia, Emile. Sos serio, estructurado y extraño. Sos propietario de los vocablos más inutilizados de la historia contemporánea, pero convencido en tu discurso, intentás ponerlos de moda una y otra vez. Tu tono de voz, por supuesto, acompaña a los términos más ridículos que se te ocurran. Sos encantador. Parecieras jugar a ser grande, o lo que es peor, sos un grande que juega a ser un niño que quiere ser grande. Pero esa retorcida madurez tan preciada no alcanza la finura de tu piel. A veces me pregunto ¿Por qué tanta extrañeza? ¿Por qué tanta construcción de imagen? ¿Por qué te cuesta tanto reír? ¿Por qué buscás un manto de hielo? ¿Qué ocultás Emile? ¿Qué te quita el sueño? ¿Qué pensás? ¿Sos sólo un niño misterioso? No lo creo. ¿Quién te lastimó con su indiferencia? ¿Amaste alguna vez? ¿Sentiste el calor de un cuerpo alguna vez? Se que buscás la adoración, pero eso le corresponde a los dioses corazón. Emile Bernard, se te podría titular como el muchachito que vive acompañado y solo. Nadie busca lastimarte. ¡Ya sé! Si me contestaras esta carta, me dirías que el mundo está lleno de perversos. ¡Y es cierto! Pero si ni siquiera se enteran, para que preocuparse. ¡No vale la pena!En fin, sólo espero que hayas comprendido todo lo que dije, pero sobre todo, espero que hayas percibido lo que no. Confío en tu sensibilidad. Hasta una próxima causalidad...

La ley de Wong Kar Wai

Amor: la ley de Wong Kar Wai se cumple una vez más.
Y a mi no me queda ni un mísero saco tuyo,
para envolverme y dejar de tener frío.

Porque nunca logre abrigarme con tu ser,
con tu cuerpo, con tu sangre.
Porque la ternura de tu rostro,
se niega a mis ojos.

Sólo obtuve palabras corteses
y esquivas atenciones,
en recónditos lugares
poblados de indiferencia
para mi soledad.

Mi boca no ha registrado tu amor,
y aún así, imagina el más dulce beso
de la suavidad penetrante
de tu completitud.

¿Por qué amor no hay un espacio en tu mente?
¿Por qué tu fresca memoria me niega una y otra vez?
¿Por qué?

Fechas

Caos. Sin resolver. Pérfida fecha. Camina en tu sol. Duerme en tu estrella. Repliega tus alas. Furia cristal  Olas de mar,  costa abrupta Te...