¿Y nunca viste tu rostro más allá de vos?
Yo te guardo como en una fotografía.
Y si quiero puedo recorrer cada virtud y defecto,
desde la frente hasta la pera y de Este a Oeste.
Si quiero, puedo sentir la suavidad de la piel
que nunca toqué.
Si quiero me quedo con tu hilo de voz,
con tus nervios,
con tus increíbles ganas de huir.
Y si quiero,
te guardo para siempre en ese instante,
que quizás hayas creído perder.
Como quien vive con el arte en la punta de la lengua, porque la muerte de lo cotidiano no le permite expresar lo hondo y lo extenso de otro mundo posible difícil de asir en el acto mecánico de las cosas.
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