sábado

El oso y la flor.

Llegó hasta el pie de la escalera,
su piel tomó un color verde agua por la luz de la luna,
mientras los peldaños, con su alquimia,
se volvieron transparentes.

En lo alto, una flor amarilla como el azufre,
lo esperaba, aunque no sin cierto temor.

Fue entonces cuando decidió subir desarmado
para descansar junto a ella,
y así mirarla eternamente.

Ella renunció a las espinas.
El finalmente pudo dormir.

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