Sube las escaleras, asoma su cabello, el rostro, el cuerpo, sus rodillas y sus pies. Ella de espalda percibe la presencia de lo desconocido. Es allí donde se produce la detención del tiempo, allí donde cada pequeña ola permanece inmovil, donde las gotas que se desprenden de su mano congelan su estructura en un espacio particular. En ese preciso momento su respiración se anula, su gesto no responde y entonces logra girar; un poco por milagro, otro poco por curiosidad. Todo para comprobar que la percepción no falló ni en aquel instante, ni cuando aún no lo había visto.
El tiempo retoma su curso, él deja su toalla, se ducha e ingresa al agua mientras ella se toma del borde, su cabeza le da la razón y su pecho acelera. Por suerte realizar hiperventilación acuática suele calmar este tipo de estados, piensa. Él, nada.
El tiempo retoma su curso, él deja su toalla, se ducha e ingresa al agua mientras ella se toma del borde, su cabeza le da la razón y su pecho acelera. Por suerte realizar hiperventilación acuática suele calmar este tipo de estados, piensa. Él, nada.
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