Se alejó de la multitud y caminó por el mar blanco suficientes pasos para el horizonte.
Las voces del grupo eran suavemente reemplazadas por el viento, que muy a su pesar no logró volar ningún recuerdo.
Nuestra compañera solitaria, así apodada por todos, giró ciento ochenta grados sobre sí, dejando marcada su huella en la salina. Mientras tanto, miró una pareja que se alejaba, como ella, buscando intimidad. También vio a lo lejos como los hombres, desde una trucada fotografía, estuvieron obligados a sostener en sus manos a sus respectivas damas, a la vez que éstas fingían ser contenidas. Fue ahí cuando pensó cuanto tardaría el muchacho en sentirse forzado a sostener a su chica, y cuanto tiempo se demoraría ella en premiar con hipócrita fragilidad, el esfuerzo inútil de él. Porque no se puede contener lo que se corre fácilmente de la mano, ni se puede pretender fragilidad cuando decidimos corrernos.
Aún así, nuestra compañera solitaria, que se encontraba realmente contenida por la sal y el ocaso, pensó que le gustaría jugar, algún día, a trucar fotografías, pero que lo haría solamente si lograba dejar en claro el artificio del juego y su magia.
Como quien vive con el arte en la punta de la lengua, porque la muerte de lo cotidiano no le permite expresar lo hondo y lo extenso de otro mundo posible difícil de asir en el acto mecánico de las cosas.
sábado
domingo
Todos los lugares tienen perfume a vos.
A JC
Decidió bajarse del colectivo y seguir caminando. Le faltaban una cuantas cuadras, pero sabía que en el transitar iba a poder pensar cuales eran las posibles frases a decir. Lamentablemente, tomó una ruta con demasiados recuerdos, por lo que resolvió retrasar los argumentos y distraer los nervios con la visión de los diferentes lugares. Entonces, pasó por el almacén donde lo había visto, cuatro años atrás, comprar amaretis. En ese momento, creía que, quizás, en aquellas manos podía permanecer esa esencia mezclada con una o dos gotas de café, que aquél tomaba todos los jueves dos cuadras más adelante. Cinco minutos después de reconocer los aromas de la confitería, ella dio ciento setenta pisadas por la plaza repasando el suave olor del apuro de él, unido a la fragancia de los pequeños canteros. Ya sin cuadras, ni tiempo, ni argumentos, toco el timbre de la casa y le dijo: Hola, es difícil olvidar cuando todos los lugares tienen perfume a vos. Algo que nunca había percibido hasta ese entonces.
sábado
Aquí también hace tiempo y frío[*]
Hace tiempo dejó de existir el bar de enfrente,
aquel donde un hombre gris
miraba correr los colores por la ventana.
Pero las monedas siguen cayendo
cuando el semáforo suena amarillo.
Y hace frío en el espacio vacío.
En la calle Juncal bajo el toldo verde,
hace frío.
Con la medianera roñosa,
con la lluvia precisa, hace frío.
Porque ya no cruza la niña de rosa,
la joven de rojo, la mujer de azul.
Por que hace tiempo,
mucho tiempo, y frío.
[*] Inspirado en el poema de Julio Cortázar: Poema, de Último Round.
aquel donde un hombre gris
miraba correr los colores por la ventana.
Pero las monedas siguen cayendo
cuando el semáforo suena amarillo.
Y hace frío en el espacio vacío.
En la calle Juncal bajo el toldo verde,
hace frío.
Con la medianera roñosa,
con la lluvia precisa, hace frío.
Porque ya no cruza la niña de rosa,
la joven de rojo, la mujer de azul.
Por que hace tiempo,
mucho tiempo, y frío.
[*] Inspirado en el poema de Julio Cortázar: Poema, de Último Round.
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