A JC
Decidió bajarse del colectivo y seguir caminando. Le faltaban una cuantas cuadras, pero sabía que en el transitar iba a poder pensar cuales eran las posibles frases a decir. Lamentablemente, tomó una ruta con demasiados recuerdos, por lo que resolvió retrasar los argumentos y distraer los nervios con la visión de los diferentes lugares. Entonces, pasó por el almacén donde lo había visto, cuatro años atrás, comprar amaretis. En ese momento, creía que, quizás, en aquellas manos podía permanecer esa esencia mezclada con una o dos gotas de café, que aquél tomaba todos los jueves dos cuadras más adelante. Cinco minutos después de reconocer los aromas de la confitería, ella dio ciento setenta pisadas por la plaza repasando el suave olor del apuro de él, unido a la fragancia de los pequeños canteros. Ya sin cuadras, ni tiempo, ni argumentos, toco el timbre de la casa y le dijo: Hola, es difícil olvidar cuando todos los lugares tienen perfume a vos. Algo que nunca había percibido hasta ese entonces.
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