domingo

El último rapsoda

Corolario a Me sobra corazón de Miguel Hernández 

Ha muerto el último rapsoda Miguel,
ya no quedan campanarios,
las navajas no cortan
y los zapatos son demasiado pequeños
para tapar tu corazón.
Solo existen subtes, trenes y pastas,
nada poético.

Ya no existen postreras cartas
y la pena no vale más que la pena misma.
Se esquiva al corazón Miguel,
o ya se arrancó de cuajo.
Solo queda en la ironía 
un duelo que no perece. 

Pipino

Es tarde para pasear Pipino,
los transeúntes detuvieron los relojes
y ya no disfrutan del paso del tiempo.
Se endurecen y se congelan en su idea de libertad.

Los tiempos ligeros, atroces
no comprenden de incondicional.
Perviven en apatías,
y en el hastío que les toca vivir.

Claro que me da pena Pipino,
pero ellos van con su carta marcada
y desde el púlpito nos acusan de vaciar palabras

Los hombres de hoy creen ser libres Pipino
y así ignoran la felicidad que trae
saber que me esperas detrás de la puerta
y que ansío cada día no tener que irme.

Pero nosotros somos los locos
por vivir en demasía la vida cotidiana,
por querer experimentar,
por tener la voluntad de ver
brillo en el destello de esos ojos.

Caminar entre lilas

Yo sé que hoy viste mi muerte cercana,
y por sobre todas las cosas,
quedaste calmo,
observando,
que los minutos pasen.

Y te quedaste esperando con esa lentitud,
con esa pausa que te caracteriza
frente a las causas indecibles,
frente al irremediable destino del devenir
siempre en otro perfil.

Tu eterno silencio no es más que la constatación
y las cosas perecen,
y vos inclinas la cabeza
como asintiendo levemente
como sabiendo en tu contemplación
que por más querer
las cosas siempre se desmigajan.

Así y todo, 
quisiera que salgas de aquél rincón
porque ni modo,

caminar entre lilas es mucho más bello.

Fechas

Caos. Sin resolver. Pérfida fecha. Camina en tu sol. Duerme en tu estrella. Repliega tus alas. Furia cristal  Olas de mar,  costa abrupta Te...