domingo

Pipino

Es tarde para pasear Pipino,
los transeúntes detuvieron los relojes
y ya no disfrutan del paso del tiempo.
Se endurecen y se congelan en su idea de libertad.

Los tiempos ligeros, atroces
no comprenden de incondicional.
Perviven en apatías,
y en el hastío que les toca vivir.

Claro que me da pena Pipino,
pero ellos van con su carta marcada
y desde el púlpito nos acusan de vaciar palabras

Los hombres de hoy creen ser libres Pipino
y así ignoran la felicidad que trae
saber que me esperas detrás de la puerta
y que ansío cada día no tener que irme.

Pero nosotros somos los locos
por vivir en demasía la vida cotidiana,
por querer experimentar,
por tener la voluntad de ver
brillo en el destello de esos ojos.

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