Una mujer casi blanca arrojada al tiempo se separa de su
vientre.
Un hombre casi gris la espera en la loma añeja.
Ya ha pasado tanto que casi no recuerdan que siempre unieron
mimos y mañas.
Que él la invitó a pasar vidas y vidas a pesar de algunos
ruidos sumados a sus historias.
Y entre cabellos canos ella lo ve ya crecido y los ruidos estertores
se desvanecen.
La loma se despeja y es como si ellos retomaran
sus juventudes. La hierba los contiene y ampara de lobos.
Y entonces sólo música y delicias.
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