Tomó prestado un hilo de voz y expresó lo más temible: me quiero perder. Allí nomás, cuando una ráfaga embriagadora lo empujaba hacia el laberinto, fue capturado por Palas Atenea. Entonces quiso salvarse desandando el mismo hilo de voz, deshaciendo cada sutil sonido desprendido previamente de la boca de Dioniso. Quiso evitar el enredo de recuerdos sin comienzo.
Ya lejos del peligro decidió comprender la historieta como un mal sueño, como parte de un efecto absurdo que no pertenecía a su modo de ver el mundo, como el descarrilamiento de un tren que no debía haber bordeado esa zona, como un tornado que no pregunta a su paso, como algo instantáneo, no planificado y efímero.
Como quien vive con el arte en la punta de la lengua, porque la muerte de lo cotidiano no le permite expresar lo hondo y lo extenso de otro mundo posible difícil de asir en el acto mecánico de las cosas.
miércoles
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