Un paisaje lejano.
Uno de esos desérticos, que te hacen acordar a ella.
Y ella, un fragmento de arena.
Su rasposa identidad descuartiza tu mente.
Y yo, ni paisaje desértico ni tu poblado bosque
Un inconexo desconcierto entre la soledad,
la nostalgia y lo que no fue.
¿Y que será de mi luna que niega ya girar en vos?
¿Y que será de tu tierra que se empeña en tapar el sol?
Al final somos una mezcla,
una de esas sin sentido, sin ningún tipo de meta.
Negamos lo que nunca existió,
y negamos por sobre todo
lo que hubiéramos querido que exista.
Nos fundamos en esta incoherencia
En bases inexistentes que nos devuelven al polvo,
a la nada.
Sólo vomitamos cobardía,
por no poder permanecer.
Sin embargo, vivimos.
Como quien vive con el arte en la punta de la lengua, porque la muerte de lo cotidiano no le permite expresar lo hondo y lo extenso de otro mundo posible difícil de asir en el acto mecánico de las cosas.
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