¿Qué pájaro te voló Alejandra?
También conozco cómo abrazar el aire,
hoy mismo duermo al lado de una nube lejana
que se asemeja a la cuna de la muerte.
Cómo él te dijo: solo te acepto viva Alejandra.
Y aunque arruine su música y mal diga tus palabras,
espero ferozmente el nuevo comienzo.
Es que no se puede digerir tanta lógica
aunque nos espeten a la cara que uno más uno igual.
Prefiero atentar al tiempo, romper el espacio,
que la madera por ahora quede en el árbol,
que el árbol se ate a su tierra,
y que el cielo lo siga meciendo
en un continuo respiro.
Como quien vive con el arte en la punta de la lengua, porque la muerte de lo cotidiano no le permite expresar lo hondo y lo extenso de otro mundo posible difícil de asir en el acto mecánico de las cosas.
martes
lunes
Ares
y aun así tengo
miedo
que tu corazón se
congele
en los albores
del realismo.
Siento tanto
entrarte en mi
que tu huida
desgarra la piel
y las siguientes
palabras
decantan por sí
mismas.
Decantan tan
profundo
que no las digo,
ni las escribo.
Palabras tan
comienzo,
mientras nos
devoramos
sin razón
venerable.
¿Qué puedo hacer
si me gobierna Ares?
Yo no busque las
puertas del paraíso,
ni las puertas
del infierno.
Sin embargo, hoy
vivo allí
en un bello no
lugar
color índigo y
lleno de pléyades.
domingo
Caos
Es conmover,
o mover con,
llegar al punto,
faltarle el respeto al equilibrio,
ausentar el espacio tiempo,
adormecer lo despierto
y despertar lo dormido.
Es tener la certeza de explotar,
ese descontrol a pesar de uno,
de las muchas reglas,
y de toda la furia de la que Dios,
en ese instante,
olvida,
o ni cree recordar.
Y piensa
¿Por qué no puede ser extensible,
inabarcable,
múltiple,
un tsunami amplio y visceral?
¿Basto,
irrepetible,
eterno,
acuoso,
sedoso,
sonoro y extremo?
¿Por qué no también un ardor suavito
que muerda el vientre
y se extienda como barca fracturando el hielo?
¿Y por qué no
unos nenúfares de agua de miel y azahar
derramándose en cascada?
El imaginario
Baja la cabeza.
Mira un punto fijo.
Pela una manzana.
La manzana y el cuchillo.
El cuchillo que pela la manzana.
La manzana
que derrocha su sustancia sobre la mano de quien escucha.
La cáscara
que cae sobre la mesada huyendo de la mano de quien piensa, siente.
El ruido que ingresa.
Ya no el ruido del cuchillo desplazándose sobre el
gajo de la manzana,
sino un estruendoso y sonido chillón.
Mientras, ella piensa, recuerda.
Lleva el gajo de la manzana a su boca.
Su boca y la manzana.
La manzana y sus dientes.
Levanta la cabeza.
Ella mira,
piensa,
y recuerda.
Él, el imaginario.
El imaginario que ingresa en ese ruido y sabe bien por qué.
Porqué ingresa como el cuchillo en la manzana
desprendiendo la cáscara de la manzana.
Ella lo ve.
Ve al imaginario.
Lo ve surfear rápido sobre una cáscara
que se chamusca con el oxígeno.
Cáscara negra con el roce del metal.
Desaparece,
desaparece el imaginario lejos de la manzana.
Del cuchillo y la manzana.
Pero ella lo piensa también lejos,
muy lejos,
de ese sonido chillón.
sábado
Ella
Ella se descarna tanto
o se encarna tanto,
que no puede evitar
salirse y adentrarse en
su cuerpo.
Ella,
o el mito de ella,
es tan idea de otros y
otras,
que consuela que exista
esa idea.
No tiene quietud de un
contorno
o la extensión del cielo,
pero ha logrado su
imagen
conmover los rostros más
cuartados.
Conmovió
desde su inmensa pequeñez,
y fue monstruo y ángel,
cine,
primer plano y gesto
que flota
en la pérdida de alguna
memoria.
Pausa
Tengo la pausa en la boca. Una verdad
o mentira del centro de la tierra. Un haz de luz sobre el entrecejo. Una gota
de miel color fucsia que se pega en el paladar. Un perfecto decir de tu piel. Sonidos
que invaden el pecho.
Tengo la leve idea que si escucho
la brisa, o contemplo el continuo de tu voz, habré librado parte del puño que
oprime la transparencia del reflejo.
Tengo la mágica altura de proponer
un nuevo navegar en medio del maremoto interior que agrieta tu visión sobre
todo. Y la franqueza de comenzar cuantas veces sea necesario. Conocer el aroma
del devenir de una lágrima. En esta pérdida de sal espero tu suerte y algún
fragmento de las palabras que no decís.
martes
Déjà vu
Déjà vu
Símil parecido
Aspecto borroso
Vieja emoción
Parte
del aire
Gota
de infancia
Agua de río
Luz violeta
Ojos
tibios
Caramelo
Y otros dulces.
Tu locura
O felicidad de espuma
Y el arrebato
Un cariño difícil de sortear
Un inmenso
De color rojo
Aunque
pierdas
Energía
Niña que pasa
No te dice
Pero
sos vos
¿Y vos?
Otro
Déjà vu.
domingo
"Adorable puente"
a vos.
“Suenas frágil como yo”
¿Y qué me importa si nunca oí tu voz?
Qué me importa
si aún reflejas un rostro difuso en mi memoria
¿Qué importa?
Ya sos parte sin serlo,
Por esa magia,
propia de tu mirada.
Una cercanía lejana
que se desvive en la vida.
Qué lo entrega todo
en un breve lapso de tiempo,
en un mínimo caminar.
… Y si lo invento…
Mañana será.
Claro,
además se extraña.
Sí
“Suenas frágil como yo”
Qué me importa
¿Qué importa?
Por esa magia,
Una cercanía lejana
que lo entrega todo
en un mínimo caminar.
Mañana será.
además se extraña
a vos.
¿Y qué me importa si nunca oí tu voz?
si aún reflejas un rostro difuso en mi memoria
Ya sos parte sin serlo,
propio de tu mirada,
que se desvive en la vida,
en un breve lapso de tiempo.
… Y si lo inventas…
Suenas como yo
¿Y nunca oí tu voz?
Que
en mi memoria
ya sos sin serlo,
por esa
propia
cercanía
en la vida
de todo.
En breve tiempo,
caminar.
voz
frágil.
Importa,
¿qué
rostro difuso
importa?
Parte
de magia.
Mirada
lejana
desvive
entrega
lapso
mínimo …
invento…
Mañana
extraña.
miércoles
¿Como quién?
Como quien
vive
con el arte
en la punta
de la lengua
porque
la muerte
de lo
cotidiano
no le
permite
expresar
lo hondo
y lo
extenso
de otro
mundo
posible
difícil
de asir
en el acto
mecánico
de las cosas
en un tiempo
sólido,
concreto.
Así
huyendo
de la sino
nimia
intenta
aclarar
o adentrarse
en la
locura
de un nuevo
vestuario
que le
permita
volverse
parte
del aire
o más;
o incluso
más.
En el medio
de todo
eso
rebota
algo
del amor,
del sonido.
vive
con el arte
en la punta
de la lengua
porque
la muerte
de lo
cotidiano
no le
permite
expresar
lo hondo
y lo
extenso
de otro
mundo
posible
difícil
de asir
en el acto
mecánico
de las cosas
en un tiempo
sólido,
concreto.
Así
huyendo
de la sino
nimia
intenta
aclarar
o adentrarse
en la
locura
de un nuevo
vestuario
que le
permita
volverse
parte
del aire
o más;
o incluso
más.
En el medio
de todo
eso
rebota
algo
del amor,
del sonido.
viernes
No tengo motivos
Decía
que no tengo motivos o razones
para continuar en el columpio.
En ese vuelo inestable que me convoca,
que me pierde en el rededor de tus pupilas
que se cierran frente a otro contorno.
Pero no logro evitar ese estado de espesor,
esa percepción de la piel que se quema en tu brisa
ausente,
o en el recuerdo del roce inocente de tu boca,
o en el inimputable agitar de tu mano.
Y entonces se me estruja la memoria
a maldecir un presente que no quiere
y un pasado que no fue,
hasta ahogarme en un único
y acompasado paso de baile.
lunes
Formas inconclusas
Entre
cadáveres
y
formas inconclusas
pienso
un modo de seguir
manteniendo
imágenes ilusas.
Entre
vírgenes y dioses.
Entre Venus y Adonis.
Entre
tu boca y mis dioses
nos
separan otro modo de decir.
En
el roce con tu brazo,
en
esa instancia de la piel previa a la piel,
en
la mirada de algo no dicho,
en
el fin de tu rostro.
Tengo
la perspectiva de algún germen
de
la célula del comienzo,
de
al menos el fragmento de un deseo
de
tu, de ti, de te.
Eres
el comienzo, eso dije,
el
germen,
creo,
el
intento de definir
un
qué, un cómo, un por qué.
¿Por
qué seguir entre cadáveres
y
formas inconclusas
que
se borran
en
la perspectiva de alguna célula del deseo?
En
el medio de tu comienzo,
pienso
en como rebotan tus palabras,
cómo
rebotan en mi pecho,
en
el ínfimo segundo del roce de tu brazo,
en
el instante del todo en la nada misma.
En
ese fragmento de ti, o de tu…
que
se me arma el germen del deseo,
esa
necesidad de ir hacia tu rostro,
hacia
tu pupila insomne,
hacia
tu costado de la nuca.
Tengo
como un fragmento de palabra
que
se escapa de mi boca,
me
deja sin aliento
y
ya no puedo vivir mi vida
sin
ese roce de tu codo
o
ese plano detalle de tu ojo.
Aun
sabiendo
que
pronto seré parte de cadáveres
y
formas inconclusas.
Diría
Que
me quedé abrazando tus ojos,
que
me pregunto sobre tu rostro,
que
me intrigan tus manos,
tus
labios.
Que
me savia tu nombre pero,
Que
se me olvida,
aún
niño.
Que
te recuerdo inmenso,
joven,
inmensamente
joven.
Que
queda una cuota de ti
cada
vez que te cruzo
y
me mirás así
entre
con susto
y extrañado.
Que
te extraño en esa calle,
en
mi puerta,
en
cada baldosa
que
transito por mi infancia
y te
sigo sin hallar.
Que
te cuento al pasar,
que
si tomás un café,
que
si quisieras,
que
si te parece
comparto
ese miedo
o te
invito a una próxima cuadra.
viernes
Sin motivos
A JC
Yo no tengo motivos,
ni palabras
Ni apuntes,
ni notas
Ni papeles,
ni sobres,
Ni máquinas de escribir
ni grafitos
Ni talento para tomar por sorpresa tu rostro
y hacerte sonreír para la foto.
Pero es que tengo un gajo de tierra
de nuditos minerales
de carozos de durazno
que siguen interrumpiendo
una bocanada de aire extra
que te quite a vos
o a ese
o al otro
de la gruta
de la cóncava
de las teclas.
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